
No abras los labios, si no estás seguro de lo que vas a decir, es más hermoso el silencio (Proverbio árabe)
Aconseja un cuento anónimo que, antes de decir algo, es necesario hacerlo pasar por las tres rejas:
“El joven discípulo de un filósofo sabio llega a su casa y le dice: −Maestro, un amigo estuvo hablando de ti con malevolencia...
−¡Espera! −lo interrumpe el filósofo−. ¿Hiciste pasar por las tres rejas lo que vas a contarme?
−¿Las tres rejas? −preguntó su discípulo.
−Sí. La primera es la verdad. ¿Estás seguro de que lo que quieres decirme es absolutamente cierto?
−No. Lo oí comentar a unos vecinos.
−Al menos, lo habrás hecho pasar por la segunda reja, que es la bondad. Eso que deseas decirme ¿es bueno para alguien?
−No, en realidad no. Al contrario...
−¡Ah, vaya! La última reja es la necesidad. ¿Es necesario hacerme saber eso que tanto te inquieta?
−A decir verdad, no.
−Entonces... −agregó el sabio sonriendo−, si no es verdad, ni bueno ni necesario, sepultémoslo en el olvido.
Vivir la experiencia del silencio comunica con la reflexión y brinda la posibilidad de experimentar calma y serenidad. En la paz del no decir nada, cuando no se tiene nada que decir, se redescubren los valores innatos que rigen la vida de cada uno, restaurando el equilibrio entre pensamientos y sentimientos pertenecientes al mundo interior, y las palabras y acciones que dirigen el mundo exterior.
Según se cree, las mejores verdades son las no enunciadas, tal vez, por eso es que se torna necesario tener en cuenta siempre: “el hombre es esclavo de sus palabras y dueño de sus silencios”.
Aconseja un cuento anónimo que, antes de decir algo, es necesario hacerlo pasar por las tres rejas:
“El joven discípulo de un filósofo sabio llega a su casa y le dice: −Maestro, un amigo estuvo hablando de ti con malevolencia...
−¡Espera! −lo interrumpe el filósofo−. ¿Hiciste pasar por las tres rejas lo que vas a contarme?
−¿Las tres rejas? −preguntó su discípulo.
−Sí. La primera es la verdad. ¿Estás seguro de que lo que quieres decirme es absolutamente cierto?
−No. Lo oí comentar a unos vecinos.
−Al menos, lo habrás hecho pasar por la segunda reja, que es la bondad. Eso que deseas decirme ¿es bueno para alguien?
−No, en realidad no. Al contrario...
−¡Ah, vaya! La última reja es la necesidad. ¿Es necesario hacerme saber eso que tanto te inquieta?
−A decir verdad, no.
−Entonces... −agregó el sabio sonriendo−, si no es verdad, ni bueno ni necesario, sepultémoslo en el olvido.
Vivir la experiencia del silencio comunica con la reflexión y brinda la posibilidad de experimentar calma y serenidad. En la paz del no decir nada, cuando no se tiene nada que decir, se redescubren los valores innatos que rigen la vida de cada uno, restaurando el equilibrio entre pensamientos y sentimientos pertenecientes al mundo interior, y las palabras y acciones que dirigen el mundo exterior.
Según se cree, las mejores verdades son las no enunciadas, tal vez, por eso es que se torna necesario tener en cuenta siempre: “el hombre es esclavo de sus palabras y dueño de sus silencios”.
